jueves, 20 de julio de 2017

Magnus MacFarlane-Barrow: El cobertizo que alimentó a un millón de niños. Por Irene Ortega Guerrero

MacFarlane-Barrow, Magnus: El cobertizo que alimentó a un millón de niños. La extraordinaria historia de Mary’s Meals. Planeta, Barcelona, 2017. 328 páginas. Traducción de Román Fabra Rivière. Comentario realizado por Irene Ortega Guerrero.

El cobertizo que alimentó a un millón de niños es un testimonio que a ratos se lee con el interés y el placer de las buenas novelas: se trata, esencialmente, de una bonita historia, contada con autenticidad. El autor consigue hacer llegar su voz, casi como si estuviera conversando en ese clima de confianza que se da cuando alguien se explica a sí mismo y relata su experiencia de vida. 

La historia de Mary’s Meals es sin duda la del nacimiento y crecimiento de una organización para dar respuesta a las inquietudes sociales y religiosas de Magnus MacFarlane-Barrow, su familia y el círculo de amigos creciente en torno al proyecto. Pero es también y, sobre todo, el relato de su experiencia de fe y del sentido que, desde dicha experiencia, va concediendo a todo cuanto sucede. Y como muchas experiencias de fe, esta se da en comunidad, por lo que luego también se dejan ver las vivencias de algunas personas que acompañan su camino. Estas historias personales se entretejen con la del proyecto conformando una especie de juego de muñecas rusas. 

Como persona que trabaja en Entreculturas, una organización de cooperación de la Compañía de Jesús, podrían haberme llamado más la atención los aspectos relacionados con el proyecto o con la organización. Sin embargo, en mi experiencia lectora, ha sido mucho más relevante el aspecto espiritual de la obra. Magnus llega desde la fe a cuestiones clave que tienen un correlato técnico en las intervenciones sociales de cooperación, como el protagonismo de las comunidades locales, el establecimiento de relaciones horizontales, o la contribución a la creación de tejido social y económico en los distintos países. La idealización de la pobreza, o el síndrome del súper héroe, tentaciones frecuentes para quiénes dedicamos nuestra vida a esto, también son planteadas con humildad y sencillez. Por otra parte, la vívida presencia de la providencia en la historia, hace que resuene el tono de los cuentos de hadas, en el mejor de los sentidos. Cada paso está lleno de pequeños milagros que dejan ver que, como Magnus afirma en muchas ocasiones, la obra de Mary’s Meals no es suya, ni está en sus manos, sino en las de Dios y en las de María, sin duda la principal fuente de inspiración y aliento para este proyecto.

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