miércoles, 4 de octubre de 2017

Alessandro D'Avenia: Blanca como la nieve, roja como la sangre. Por Óscar Ávila Pardo

D'Avenia, Alessandro: Blanca como la nieve roja como la sangre. Grijalbo, Barcelona, 2010. 256 páginas. Traducción de Guillermo Palma Hunt. Comentario realizado por Óscar Ávila Pardo.

El joven escritor italiano Alessandro D’Avenia nos presenta su primera y por ahora única novela, Blanca como la nieve roja como la sangre, una narración que trata de abordar un camino hacia el corazón siempre enigmático de un adolescente. Se mezclan en la narración la pasión, el amor, el enojo, el afán de aventuras y todos los sentimientos posibles que se mueven en el interior de un joven que encuentra el amor en su primer año de bachillerato, en un contexto en el que la vida del instituto se transforma en el centro de su existencia.

Más que una novela es el diario de vida de Leo, joven adolescente de Milán, un muchacho que vive su vida de una forma extremadamente apasionada: se entrega por completo a su equipo de fútbol sala, en el que es uno de los goleadores estrellas, asiste como cualquier adolescente a las tediosas clases que le toca en el instituto, y vive con pasión su amor por Beatrice, una joven pelirroja que está en un curso más avanzado que él. Amor que se transforma en el motor de su vida, amor que solo conoce su inseparable amiga Silvia, amor que ni siquiera conoce la misma agraciada, Beatrice. En definitiva, amor adolescente.

Para la vida de Leo los colores son fundamentales. El rojo expresa la pasión, el amor profundo, los deseos de vivir y entregarse a los demás; en cambio, el blanco es un color insípido que no representa ningún sentimiento, estar en blanco es estar sumergido en la nada misma. Y los colores le permiten evaluar y catalogar a las personas: su amor, Beatrice, es rojo, color en el que se alberga toda la pasión; su amiga Silvia es verde, color que representa la vida y la claridad para mirar la existencia humana. Además, Silvia tiene los ojos verdes y para Leo el verde es el signo de la transparencia.

Tres hechos van a cambiar la vida de Leo: el primero será la llegada de un nuevo profesor de Historia y Filosofía al instituto, el segundo la enfermedad de Beatrice y el tercero es el descubrimiento del verdadero amor. La llegada del nuevo maestro es todo un episodio en la vida de este adolescente, pues para un joven, todos los profesores son seres extraños que no conocen la realidad y que solo vienen a entrometerse en la vida de sus alumnos. Este es el caso del nuevo profesor de Filosofía, a quien Leo va a llamar «Soñador», pues desde su primera clase invita a los alumnos a soñar primero y a tratar de hacer reales después sus sueños. Además les propone que se gasten por sus ideales transformando el mundo. Toda esta propuesta, vista desde la mentalidad de un adolescente, no es más que un sueño nacido de la falta de conocimiento de la realidad… Leo va cambiando poco a poco su relación con el profesor: comienza molestándole –es un novato que no pasa de los 30 años– y poco a poco se va dejando seducir por su propuesta atreviéndose a seguirle el juego. Leo concentra su sueño en la entrega amorosa hacia Beatrice, y pone todo su empeño en este amor, haciendo todo tipo de esfuerzos por acercarse a ella. Para lograr su objetivo, pide ayuda a su amiga Silvia, que se va a transformar en su paño de lágrimas y que le va a ayudar a estar más cerca de la chica que ama. Este sueño se ve truncado cuando Leo se entera de que Beatrice tiene una extraña enfermedad en la sangre. Pero ante la adversidad, el chico soñador emprende una nueva lucha: piensa que si él la dona su sangre, Beatrice no sólo mejorará, sino que estará mucho más cerca de ella, pues su propia sangre será la que acariciará su corazón. Con este gesto de generosidad, propia de un adolescente soñador, su acercamiento a Beatrice se hace real, y comienzan a ser amigos. Leo la va a visitar a menudo, aunque su estado vaya siendo cada vez peor, lo cual no encaja en su modo de entender. Su profesor, el Soñador, va a jugar un papel fundamental en el aprendizaje de Leo para asumir la realidad y aprender a vivir la vida desde lo que le toca a cada uno. Leo comienza a madurar descubriendo la vida tal cual es más allá del sueño ideal del adolescente. La tercera situación surge de este conocimiento de la realidad, del caer en la cuenta de que el ideal ayuda a no perder el norte en lo que se quiere de verdad, de mantener los sueños valorando la importancia que tienen en la construcción de la propia manera de ser. En medio de su mundo y rodeado por mucha gente, Leo descubre el amor y toda la gente que está a su alrededor desempeña un papel: sus padres, que le enseñan lo importante que es amarse de verdad, aunque no estén todo el día embelesados el uno con el otro; su amigo Nico, que le demuestra que los amigos de verdad están y estarán para siempre, aunque a veces con algunas dificultades, pero que en el fondo cuando se actúa en consecuencia a lo que se quiere, los amigos también logran entender lo que se está haciendo; su profesor, que le hace ver que no todo se puede, y que incluso las situaciones dolorosas pueden ayudar a refundar la vida; su amiga Beatrice, que le enseña a mirar y dejar brotar los sentimientos verdaderos, esos que se reflejan en el fuego que brotan de sus ojos; Silvia, que le enseña que la fidelidad se juega en el estar y en el saber esperar…

Todo esto hace que Leo descubra el verdadero sentido de la palabra amor, y los diferentes matices con los que se quiere a los padres, amigos, educadores y, de forma especial, a la persona por la que se juega la vida.

Alessandro D’Avenia es un joven profesor de instituto que, nacido en Sicilia hace 32 años, ejerce como profesor en Milán. Está doctorado en Letras Clásicas y comparte su labor docente con la creativa: hace guiones de películas y espera que ésta su primera novela, Blanca como la nieve, roja como la sangre, llegue a la gran pantalla. La novela es fruto de su experiencia viva como profesor de instituto, del conocimiento de sus alumnos y de su capacidad de interactuar con ellos en el día a día del aula. En su escrito queda reflejada no sólo la mentalidad adolescente, sino la capacidad de hacer propuestas que, asumidas, puedan ayudar en el avance hacia la madurez, todo ello con un lenguaje fresco que no pierde su frescura por la traducción. Es una lectura refrescante no sólo para los adolescentes que en sus páginas verán reflejados muchos de sus sentimientos, sino también para los adultos que pueden encontrar en ella un procedimiento para adentrarse en el siempre enigmático y difícil mundo de la adolescencia.

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